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EL TIBURÓN BALLENA

VÍCTIMA DE SU POPULARIDAD

El tiburón ballena (Rhincodon typus), el pez más grande del planeta, surca los océanos de forma tan majestuosa como elusiva. Y es que, si algo tenemos claro de esta especie, es que aún sabemos muy poco sobre ella. Reconocible por sus llamativas manchas y su comportamiento apacible, se ha convertido en un símbolo de la biodiversidad marina y en un imán para los amantes del mar en todo el mundo. En Maldivas —uno de los mejores lugares para encontrarlo y donde hemos tenido la suerte de vivir y trabajar—, este gigante atrae a miles de turistas que, de una u otra forma, no quieren regresar de sus vacaciones sin haber nadado junto a él. Sin embargo, esta interacción entre humanos y tiburones ballena plantea importantes desafíos para su conservación.

PRESENTANDO AL TIBURÓN BALLENA

El tiburón ballena (tiburón, a pesar de su nombre) es un pez cartilaginoso; no posee esqueleto óseo, sino
cartílago. De hecho, es el pez más grande que existe, con individuos que pueden superar los 12 metros de longitud y pesar más de 20 toneladas. Llama la atención que, a pesar de su tamaño, se alimenta principalmente de plancton, pequeñas algas y peces diminutos que filtra a través de sus enormes branquias. En su boca, que puede alcanzar hasta 1,5 m de ancho, no hay dientes prominentes como cabría esperar, sino filas de dentículos muy pequeños.
Su reproducción sigue siendo un misterio en muchos aspectos; sabemos que son ovovivíparos —los embriones se desarrollan dentro de huevos que permanecen en el cuerpo de la madre hasta que están listos para eclosionar—, pero el estudio de sus patrones reproductivos, de cortejo y de cría sigue siendo sumamente escaso. ¿Cómo es posible que conozcamos tan poco sobre el pez más grande del mundo? Irónico, ¿verdad?

EL ENIGMA DE LAS PROFUNDIDAD
Sabemos que realizan movimientos verticales y horizontales vinculados a la disponibilidad de alimento y a las condiciones térmicas del agua, pero los patrones migratorios completos y las rutas interoceánicas permanecen poco documentados. Una de las claves de este desconocimiento es que también viven a grandes profundidades, a veces hasta mil o incluso dos mil metros, y eso dificulta mucho su estudio. A pesar de los avances tecnológicos y de la creciente popularidad de estos animales, siguen existiendo muchos aspectos de su vida que se nos escapan.

Tampoco sabemos con certeza por qué el tiburón ballena visita aguas tan profundas; allí abajo el agua es más fría y, como la mayoría de los peces, es ectotermo, por lo que no puede regular su temperatura corporal. 

Además, gran parte de su alimentación se encuentra cerca de la superficie, ya que el plancton se concentra en la zona fótica, la franja donde la luz solar penetra y permite la fotosíntesis, aunque es cierto que el zooplancton sí se desarrolla por debajo de esta zona, por lo que los tiburones también podrían alimentarse a esas profundidades. Se cree que, de vez en cuando, los tiburones ballena ascienden y se acercan a la superficie para «recargar pilas», es decir; para calentarse y alimentarse. 

Es en ese momento cuando comienza la interacción entre los humanos y el tiburón ballena. Al acercarse a la superficie, la observación de esta increíble criatura se hace posible, dando lugar a una de las actividades con fauna salvaje más demandadas, que también es uno de los mayores ejemplos de turismo irresponsable con animales.

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