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EL TORNADO INVISIBLE

Vencejos en espiral sobre Portland

En un mundo acostumbrado a buscar la excepcionalidad en lo individual, existen fenómenos naturales que revelan otra forma de belleza: la colectiva. Como artista visual, he dedicado años a observar el vuelo de las aves, pero un día me encontré con un espectáculo que me impactó: miles de vencejos girando en espiral y entrando en una chimenea en Portland, Oregón. Aquella coreografía salvaje, aparentemente caótica y, sin embargo, sincronizada, era tan sorprendente como desconocida.

Esta experiencia me llevó a profundizar en la vida de estas aves, los vencejos de Vaux. Este artículo es una crónica visual y biológica, pero también humana, sobre cómo la ciudad, la comunidad y las aves pueden, o no, aprender a convivir.

EL DESCUBRIMIENTO

Hace más de diez años que trabajo en el proyecto Ornitografías, una investigación artística que convierte los patrones invisibles del vuelo de las aves en imágenes. Un día, por azar, vi un vídeo que me sacudió. En él aparecían miles de vencejos girando alrededor de una chimenea antes de entrar en ella para dormir. Un tornado de alas que desaparecía dentro de un cilindro de ladrillo. No entendía cómo un fenómeno tan potente me había pasado desapercibido.

Me puse a investigar. Eran vencejos de Vaux (Chaetura vauxi), una especie migratoria del noroeste de América del Norte. Tradicionalmente, estas aves dormían dentro de árboles muertos y huecos, pero la pérdida de estos hábitats las ha llevado a buscar alternativas urbanas. En especial, se decantan por chimeneas de ladrillo sin revestimiento metálico, como la de la Escuela Chapman, en Portland.

LA ESCUELA CHAPMAN Y EL VUELO RITUAL

Durante algunas semanas, entre finales de agosto y principios de octubre, miles de vencejos se congregaban cada atardecer sobre la chimenea de la Escuela Chapman. Al principio, volaban de manera errática, como desorientados, pero a medida que avanzaba el crepúsculo, el movimiento se volvía más ordenado, más circular. Me parecía un caso clarísimo de inteligencia colectiva, como en el caso de los estorninos. Con el paso de los minutos, el vuelo se agrupaba hasta formar una espiral casi perfecta.

De vez en cuando, cambiaban bruscamente de dirección y, en ese momento, desde el suelo, la trayectoria dibujaba una figura en forma de ocho. Finalmente, sin ninguna señal aparente, un primer individuo decidía entrar en la chimenea y entonces todos lo seguían, precipitándose uno tras otro en una coreografía vertiginosa.

La maniobra era delicada. Tenían que frenar en pleno vuelo, girar hacia arriba, sujetarse con las patas y quedar colgados en el interior. Algunos abortaban la entrada y volvían a situarse al final de la fila, pero, a pesar de la dificultad, el orden era impecable. Se trata de uno de los espectáculos naturales más fascinantes que he presenciado jamás.
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